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Juanito

¿Necesitábamos declarar una guerra contra el narco?

by Juanito on May.17, 2010, under Juanito

¿Quién le dijo a nuestro presidente que necesitábamos declarar una guerra contra  el narco? No lo se, y el día de hoy me ocasiona problemas, muchos. Los medios nos saturan día a día, hora a hora con  datos acerca de este conflicto, sus muertos, sus derrotas y sus victorias. Las noticias sólo hablan de muerte, de balas, ajustes de cuentas y militares e inocentes asesinados por todo el país. Y cada que escucho esto me regresa una pregunta a la mente ¿Por qué?

Las drogas ilegales han existido en México desde antes que fueran ilegales. ¿Nunca fue su tráfico un problema hasta que Calderón llegó a la presidencia de la república? ¿O realmente los narcotraficantes tenían comprado el poder? No lo sé, pero creo que es el tiempo en el que nos debemos preguntar si realmente fue la mejor decisión haber iniciado un conflicto armado.

En este momento de reflexión me llega a la mente ese rumor tan interesante donde un famoso narcotraficante proponía pagar la deuda externa del país a cambio de la legalización de algunas substancias, por supuesto que suena lejano e irreal, pero desde ese entonces  se bromeaba acerca del poder y los alcances que tenían los narcotraficantes mexicanos. ¿Cómo entonces alguien decide que es sensato declarar la guerra a un poder con recursos tan grandes como para fanfarronear con pagar la deuda externa?

Es probable que alguien pueda suponer que la guerra contra el narcotráfico responde a un interés honesto de librar las calles mexicanas de la droga, y se equivocaría. Las drogas ilegales nunca han sido un problema de salud pública en México, al contrario de lo que se podría decir del alcohol. El cual por cierto se ve involucrado en la mayoría de los accidentes automovilísticos que son la principal causa de muerte de jóvenes en México. Causa que día a día se ve más amenazada de perder el primer puesto a causa de las muertes por violencia (balas).

México en su historia ha destacado como un país productor y país trampolín para las drogas ilegales, desde tiempos porfiristas existieron sembradíos de amapolas y tráfico de las mismas hacia el mundo. En la actualidad las drogas mexicanas tienen como destinatario nuestro vecino del norte, donde la drogadicción ha alcanzado cifras que a diferencia de México, preocupan tanto a autoridades civiles como a autoridades sanitarias. Y es desde esta perspectiva donde creo que se generó la necesidad de involucrar a México en una batalla contra el narcotráfico. Crear una antesala para la violencia que se desataría. Recordemos que el tráfico de drogas es el tercer negocio más lucrativo del mundo, después de traficar con armas y con humanos.

Honestamente no se si exista un beneficio real de haber puesto al país en peligro y convertirlo en una zona de guerra. El narcotráfico no es la única actividad delictuosa en México pero parece que de un tiempo hacia acá se convirtió en la causa de todos los males del país. Me preocupa, me hace preguntarme de nuevo  ¿Quién le dijo a nuestro presidente que necesitábamos declarar una guerra contra  el narco?

P.D. Recuerden que en una guerra, los civiles pueden ser llamados a formar parte del ejército.

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Tres de doce…

by Juanito on Abr.13, 2010, under Juanito

Mes tercero de los doce por recorrer. Para variar, colgar una entrada en el blog se vuelve una tarea épica de la cual pudiera querer excusarme con mil pretextos, ninguno realmente válido.
Grandes tiempos han sido estos meses, cada vez me sorprende más la experiencia de la vida. La simplicidad de la vida en el campo ha encontrado tierra fértil en este sembradío de pensamientos que es mi mente. Soy feliz, o al menos me dedico más a serlo. Tomo tiempo diariamente para estar, para ser, o intentarlo.
Sueño mucho, re-encontré mi vocación, quiero ser médico, más convencido hoy que nunca antes. La miseria y el dolor humano sólo conocen una cantidad de facetas apenas más pequeña que el infinito; intentar de alguna manera mitigarlos bien vale las horas de trabajo que cuesta hacerlo. Trabajar debiera ser una experiencia que enriqueciera a las personas en el sentido más amplio de la palabra y con orgullo puedo decir que trabajo mucho, tal vez pagando las largas horas de sueño y sin quehacer que viví en ese imperdible internado. Trabajo mucho, o al menos eso percibo yo. Me canso mucho y en el cansancio algunas veces se encuentra algo de satisfacción.
Duermo como nunca, literalmente, comparando burlonamente (y pidiendo perdón por lo mismo) mi patrón de sueño al de los rancheros, despierto con el sol y me duermo con el ocaso. Tengo miedo de que un día un eclipse de sol me fuerce a cerrar el centro de salud para tomar una siesta improvisada. Dormido a veces a las ocho de la noche y despierto a las cinco y media de la mañana, me encuentro en una situación que definitivamente nunca encontré cotidiana.
Leo mucho, después de todo, no me quedan muchas alternativas de actividades en el pueblo. No tengo Internet, no tengo televisión y el centro de salud me tiene a mi como único inquilino y habitante durante las tardes y las noches. No me quejo, desde un principio bromeaba acerca de una suerte de retiro espiritual que planeaba vivir este año. Creo que día a día ese pensamiento toma más fuerza.
Nunca había tenido tanto tiempo para mi mismo, o nunca me había dado cuenta de que lo tengo. Valoro mucho esta oportunidad, de igual manera que me doy cuenta que damos muchas cosas por sentados, y a muchas personas de igual manera.

Con renovados ánimos y después de un primer periodo vacacional, puedo decir que me está gustando el servicio. Mucho.

P.D. Para los que piensan que todo ha sido buena onda y cosas bonitas, ya pondré un post para contrastar éste que es todo felicidad.

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Servicio social

by Juanito on Feb.28, 2010, under Juanito

Hace mucho que no escribo nada, cuesta trabajo adaptarse a este montón de nuevas situaciones donde uno no sabe que esperar. Muchos cambios han ocurrido, despedidas, muchas muchas fiestas y desenfreno. Unas vacaciones que comenzaron un noviembre con una visita a Acapulco y que apenas parece que terminaron hace unas semanas cuando comenzó el servicio social.

De las fiestas, ¿qué platicar? Bebidas, baile, risas, pláticas, en una palabra, furia, y para ser precisos, mucha furia. La graduación se nos sirvió  diluida en porciones pues ya habíamos tenido la quema de batas hace un año, y no es que no haya sido emotiva pero uno descarga mejor todos esos sentimientos que  se tienen hacia el final de la carrera durante un año. En fin, yo lo sabía desde antes y sucedió, volví a llorar como niña al abrazar a mis papas y no saber que otras palabras que pronunciar más que gracias. Nuestro padrino de generación volvió a las andadas haciendo mención de anécdotas penosas que involucran un cargamento clandestino de una patona de Bacardí y una visita (de nuevo furiosa) al D.F. Mucha risa, mucho baile y de alguna manera verme bailando macho men con disfraz enfrente de todos. Un agasajo.

Visité León en múltiples ocasiones, y me mudé de una casa a otra por quinta ocasión en 6 años. Cada vez que sucede se convierte en algo más cotidiano y al mismo tiempo algo menos familiar. Llamar hogar a 27 lugares diferentes se ha convertido en una clase de regla al contrario de lo que podría parecer una situación excepcional.

Escogimos plaza de servicio social y comenzó lo que promete ser la aventura del año, se  hicieron bromas y especulaciones sobre Xichú y Haití, pero ganó un pequeño poblado en el estado de Guanajuato, que es de donde precisamente se genera este post…

Continúa en la pag. 17

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Not

Pero si en el siguiente post.

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Y así como vino…

by Juanito on Dic.31, 2009, under Juanito

…se fue.

Un año increíble, mi año de internado.

La vida en otra ciudad.

Hacer amigos nuevos y reencontrarse con algunos viejos también.

Las idas y vueltas para verte, para ir a guardia y para escapar de ella.

Tus sonrisas y las mías, también las lagrimas y conversaciones que compartimos.

Los enfermos, las muertes, y todas las desgracias y alegrías que se viven en un hospital.

Los doctores, los pacientes, el personal del hospital y las enfermeras, compañeros de trabajo que al final se convirtieron algunos en maestros, otros en amigos y otros en familia. Algunos inclusive las tres cosas.

Las fiestas, que no fueron pocas, con la vorágine de eventos que siempre suceden cuando salimos.

El depa nuevo, la bienvenida, la despedida..

Los abrazos.

Y mil millones de cosas que se me escapan en este momento de reflexión y de frío…

Y sólo me resta decir, GRACIAS.

Este post va dedicado a todas las personas presentes (físicamente o en mi corazón) durante este año. Todos saben que mi vida no sería la misma si no estuvieran en ella. Gracias, gracias.

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Frío

by Juanito on Dic.18, 2009, under Juanito

Esa es mi extraña fascinación, sentarme, fumar un cigarrillo y disfrutar del frío de la madrugada. Sentir como cala, como tiemblo, como huele a algo que no se cómo describir.  Quién sabe por que, pero  a esas horas es cuando parece que llega de todo las risas, la melancolía, la inspiración y en ocasiones las lagrimas.

No voy a decir mentiras, la temporada navideña y de fin de año me afecta, pero hoy me doy cuenta que no es porque realmente tengan un significado en particular, sino porque las noches son más largas, y más frías, más llenas de esa magia que hace que me siente a pensar y pensar. Nada como el olor de la madrugada, y ese frío tan diferente que se siente al que se puede sentir durante el día.

Y si me preguntan, no hay nada como ver cómo una  noche se convierte en un nuevo día…

“…amando el frío, de madrugada…” Salón Victoria.

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Neblina

by Juanito on Dic.01, 2009, under Juanito

Porque es tal vez esa idea de vernos sentados al borde del precipicio lo que nos mueve. Y es que siempre andamos buscando el extremo, el final de los cuentos que creamos día a día. Romances, botellas, cigarrillos. Tantas historias que podemos contar pero que siendo tan vertiginosas escapan a la prisión de la memoria y al abrazo del tiempo. Fugaces relámpagos y destellos de felicidad turnados con los más suaves e intensos momentos de una locura insoportable. Crudas malhumoradas que te tiran a la cama, visitas y bailes. Largas conversaciones movidas por el simple hecho de saber que puedes hablar durante días y días sin saber en realidad si lo que pasa sucederá o continua siendo la neblina etílica en la que a veces nos movemos.

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Once meses.

by Juanito on Nov.12, 2009, under Juanito

Ya van once meses, desde que inició el año y desde que también inició el internado. Ha sido un año lleno de sorpresas, esperaba que las hubiera pero aún así cuando llegaron fueron impresionantes. Cambio de ciudad y cambio de departamento, comenzar de nuevo con los amigos y un segundo encuentro con ese que es mi hermano pero nació en otra familia. De verdad no puedo estar más agradecido de lo que ha pasado aquí, bueno y malo.

El ISSSTE, ni la mitad de lo que esperaba, responsabilidades que se que no deberíamos de aceptar, dormir hasta que se te hinchen los ojos, trabajar lo que uno quiera, un jefe de enseñanza de 82 años. La pandemia de la Influenza.  En general hacer lo que he querido y al mismo tiempo darme cuenta que lo que hago y no hago (estudio y no estudio) tienen una repercusión en mi persona y en los demás. Ve tu a saber, el trabajo médico tiene repercusión en vidas humanas. En general, una delicia.

Por otro lado, reencuentros, desamores y ese ir y venir del que a veces piensa uno que no puede escapar. Kilómetros y kilómetros a altas horas de la madrugada bien pagados con unas horas de pláticas que se que no cambiaría por nada. Abrazos, regalos y una luna que va y que viene.

Fiestas, reuniones, antros, graduaciones, comer en una cantina. Los novenarios, las despedidas y de nuevo los últimos días de una generación que se embarca a nuevas aventuras. Comer, salir solo y también con muy buena compañía. Visitar Guanajuato, o algún antro en Irapuato y descubrir lo bien que me la paso con cierta persona, y que sin pensarlo me viera escribiéndole mensajes y queriendo saber más de ella.

Tener un nuevo compañero de departamento y descubrir que es una excelente persona, conocer a mis compañeros internos y convertirnos en una extraña familia que en ocasiones comparte una mesa y un espacio de trabajo que lentamente se convirtió en nuestra segunda casa.

Reencontrarme también con mi familia, extrañarlos y desear estar  en casa. La mudanza de mi abuela a mi ahora ex-cuarto, compartir cuarto de nuevo con Darío, ver a Rafa crecer y convertirse en un adolescente de mi estatura (en tamaño pues, el niño está enorme!!!!!).

Estas cosas y una lista que podría no tener fin, sólo para darme cuenta que soy feliz, y que si bien, continúo en el proceso de conocerme, me entiendo más de lo que había hecho nunca; y lo mejor de todo me agrada mucho! Que estoy seguro deque hay un camino que quiero seguir y tengo una muy buena idea de cuál es.

Cliché y todo, la vida es corta, muy corta, como para no disfrutarla, y días como hoy parecen buenos para sentarse, tomar un respiro y simplemente vivir, porque al final del camino, sólo existimos ahora…

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Budismo? En serio?

by Juanito on Oct.12, 2009, under Juanito

No estoy seguro si el budismo sea en si una religión, una filosofía, una ciencia, una herramienta o qué sea. Lo que si se es que desde hace 1 año o tal vez un poco más, ha estado presente en mi mente. En realidad, no me sorprende mucho, el budismo es impresionante, desde la perspectiva que uno lo quiera ver. Existe una fuerte influencia budista en el mundo y en la historia,  desde Jung, Heidegger, Fromm, Daniel Goleman, Jodorowsky, el psicoanálisis, la psicología,  las neurociencias, los hospicios, los guerreros Samurai, los movimientos sociales en el Tibet actual hasta la influencia en el mundo moderno y completamente occidental como los Simpson, o un evento budista en el Centro Fox!.

Existen muchos sitios y libros acerca del budismo, en lo particular hubo varios que me causaron el impacto necesario para que quisiera seguir leyendo y que me invitaron a iniciar a meditar, de eso se quieren tratar esta serie de posts (esperemos que salgan rápido) de compartir esta literatura y esta práctica.

Aquí el primer libro y el primer link:

El libro Tibetano de la vida y de la muerte – Sogyal Rimpoche

Este fue el primer libro que leí, podríamos decir que es una introducción al budismo y en particular al budismo tibetano. Escrito por un espectacular monje que recibió su formación budista en el Tíbet por parte de algunos de los maestros más importantes en nuestra época, y que también estudió en Cambridge, una de las universidades más importantes del mundo. Sobra decir que me encantó el libro, no es difícil de leer, tiene un glosario bastante extenso para resolver dudas, y en general, es un libro bastante interesante.

Sogyal Rimpoche entiende la manera de pensar occidental y encuentra excelentes medios para compartir su conocimiento, principalmente habla sobre la muerte, y la necesidad imperiosa de prepararnos para ella. Religión o no, una excelente idea esa de estar listos para morir. El libro ha vendido más de 2 millones de copias y ha sido traducido a 29 idiomas y por su clara orientación a la preparación de la muerte, ha sido utilizado en ámbitos médicos, de instituciones de beneficencia y en tanatología.

Además de ser escritor y monje fundó una organización que tiene presencia en bastantes paises (México no) dedicada a (permitiéndome la traducción):

“Presentar la tradición budista tibetana en una manera que sea a su vez, auténtica y relevante para las vidas y necesidades de los  hombres y las mujeres del mundo moderno”.

www.rigpa.org

Ahí no van a encontrar el libro, pero estoy seguro que si buscan por ahí un  torrent o alguna de esas cosas seguro lo pueden descargar. Les recomiendo que vean algunos de los videos que hay en Youtube acerca de este monje, tiene un humor bastante agradable y en general es divertido  y bastante ilustrativo oirlo hablar.

Ya, un post muy largo. En el siguiente pondré más literatura y links acerca del budismo.  Ojalá alguien más los  encuentre así de interesantes e inspiradores cómo me han parecido a mi.

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Embarcación

by Juanito on May.31, 2009, under Juanito

Al subir la marea llegó tu embarcación, la vi desde lejos y nunca esperé que fuera a cambiar todas las cosas. Fue una noche llena de estrellas y olor a agua salada. Una primavera llena de silencios y sonidos, un año lleno de altos y bajos. Una vida de espera.

 

Y si, ando de nostalgias…

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Escribí

by Juanito on May.13, 2009, under Juanito

Y me sentí extraño, ahí sentado escribiendo mi “diario”, si es que a eso se le pudiera llamar de esa manera. Más bien era una colección de pensamientos, divagues y cartas sin destinatario. A veces escribir acerca de uno mismo se convierte en un vicio, escapar de tener que compartir las cosas en la vida real y compartirlas sólo con el papel y la pluma. Pero aún así, lo hacía, sentado y escribiendo podía liberarme de todo eso que tenía dentro y costaba tanto trabajo sacar. Escribía un diario, pero en su mayoría eran cartas, algunas para ti, y algunas otras para esos destinatarios secretos que se acumulan con los años.

Escribía un diario, y entonces sucedió, fue  una noche, o una mañana no lo recuerdo. Fueron días apresurados y llenos de actividad frenética, las mañanas y las noches parecían extenderse y convertirse en tardes locas. Quiero pensar que fue una madrugada, en realidad no importa cuando. Sucedió y nada jamás volvió a ser igual. 

Fue en un instante, un momento. Si bien no recuerdo la hora, no puedo olvidar el olor, por eso quisiera pensar que era una madrugada. Ese olor frío y dulzón, que llega con esas horas del día donde la mayoría duermen, ese olor que impregna todo, que no se puede borrar con nada; han pasado los años y no he encontrado nada que se le parezca.

Olía pues a madrugada, con su carga de emociones que trae cada que llega. Y junto con el olor llegó ella, música en ocasiones y voz melodiosa en otras. No sabía que significaba esto, ¿había llegado acaso el día que algunos dijeron que sucedería? Había pasado ya que soñara despierto, pero esos ruidos estaban ahí, era tonto querer negarlos, y en el momento fue la mejor idea que pude tener…

 

-¿Has notado cómo en algunas madrugadas, cuando la oscuridad se convierte en silencio,  pareciera como si alguien te llamara?-

Cuando se es joven, alejarse de las personas y acercarse a los libros parece ser una opción adecuada, compañeros inseparables, jamás critican, jamás juzgan. Y en esa época de mi vida los libros eran mi pasión y mi inspiración. Leía constantemente, podría decir que de una manera voraz, jamás se llenaba el apetito de literatura, buena o mala, no importaba. Los libros estaban ahí y no había nada más que me interesara, sumergida en un mundo de letras pasaba los días.

-Hija, deberías de salir un rato.- La misma insistencia de todos los días, pero no había necesidad de salir y menos cuando podía observar paisajes majestuosos, islas desiertas y las profundidades del espacio sin salir de mi cuarto. 

–No tengo ganas, tal vez más tarde.- La misma respuesta de todos los días.

Seguir esta misma rutina a diario se estaba volviendo molesto. Al parecer nadie entendía que los libros me daban todo lo que necesitaba, que no encontraba nada de malo quedarme en casa a leer, además, existían esas visitas semanales a la librería o en su defecto a la biblioteca para incrementar la cantidad de libros.

No era precisamente mi culpa que la lectura me apasionara tanto, ya a los 6 años había encontrado a algunos de los clásicos en los viejos libreros de mi casa y de casa de mis abuelos. De inmediato supe que en esas viejas hojas se encontraba un tesoro inimaginable. Al ir creciendo, los gustos cambiaron, repasando géneros y estilos. Pero últimamente nada parecía ser suficiente, si bien la lectura me transportaba hacia otros lugares, eran los lugares imaginados por otros. Nada había de malo en visitar a Robinson Crusoe, platicar un rato con Kafka, enamorarse de vaqueros espaciales, pero no eran mis vaqueros espaciales. Parecía faltar algo, tenía que librarme de los límites de los demás. Expandir mi universo de lectura, tomar las riendas de mi vida. Aún cuando fuera solamente en los libros; tenía que escribir mis propias historias.

Parecía lógico, si otros me envolvían en su mundo y me mandaban a viajar lejos, yo debería de poder hacer lo mismo. No iba a ser tarea fácil, catapultarme al otro lado de las hojas y crear una historia que no tuviera límites, sumergirme completo en la creación de alguna historia que pudiera controlar, en su totalidad.

Los primeros borradores fueron eso, borradores de historias fantasiosas, en una realidad no muy lejana, salí de mi casa y visité las ciudades cercanas, conocí la capital y sus grandes edificios, no platiqué con nadie. Acaricié perros y sentí cada uno de sus cabellos, pero no pude hablar. Ganó el silencio en estas primeras incursiones, el sonido parecía ser algo imposible.

Con los días y los cuadernos llenos de historias, llegaron los primeros ruidos, imaginé que así debía sentir alguien que oye por primera vez. Al principio desorden y caos, pero el espacio se fue llenando de los más deliciosos sonidos que pude jamás oír en mi vida. Duré días y noches, echada en los más grandes pastizales, escuchando. Deleitándome con la música de la vida, sabiendo que había todo un mundo y mundos por escuchar.

Había pasado ya un mes y medio desde que había comenzado a escribir. Y cuando logré perfeccionar el sonido, me di cuenta que en todo ese tiempo había estado sola; que los paisajes, los escenarios y los sonidos jamás se iban a comparar a la complejidad de un ser humano. Si acaso, los pocos (que nunca fueron tan pocos) libros que había leído, lograban crear personajes complejos, humanos. Más parecidos a muñecos o títeres de los autores, nunca había encontrado un personaje que pareciera auténtico, yo sabía que ninguno de las personas que vivían en los libros tomaba sus decisiones, estaban todos enmarcados en la realidad que el autor suponía para ellos. Pero no más, conmigo tenía que ser diferente, aunque me tomara años y años, intentaría que plasmado en un libro, en una historia, se encontrara una persona libre, completamente libre.

Tal vez fueron años, hasta que pude crear un personaje que me gustara, tenía que ser un hombre para empezar, solitario como yo lo era antes de dedicarme a conocer personas y lugares en los universos paralelos que eran los libros. Tenía que ser también un escritor, alguien que pudiera entender porque leía y escribía de la manera que lo hago, tenía que entender que la escritura iba más allá de simplemente unir palabras para que fueran bellas. Cuando lo hice, las cosas no tomaron el rumbo que yo quería al principio, logré lo que nunca había encontrado en ningún libro, un personaje que pudiera desarrollarse por completo.

Fue una sorpresa que literalmente viera nacer a este personaje, el que pensé que iba a ser mi compañero en las largas noches que viviera dentro de los cientos de situaciones donde había estado y donde volvería a estar en cuanto las re escribiera. A su nacimiento, tuve miedo, supe en ese instante que no podía forzar su crecimiento, que era imposible lograr la libertad de Mario si adelantaba algo. Estaba maniatada, y no pude más que sentir una gran impotencia, que sólo parecía ser superada por la expectación de lo que podía suceder cuando lo conociera. Un universo en un libro y alguien que podía vivir y desarrollarse como persona, o al menos lo más cercano que se pudiera.

Nunca imaginé lo que podía pasar con él, desarrollándose en el universo como el que yo conocía. Tan limitado como el mismo mundo en el que vivo, tal vez se diera cuenta que debía haber alguien afuera, que no estaba solo en ese mundo de personajes que parecían programados para hacer lo que hacían, que en ocasiones se volvían tan predecibles.

 

Cansados de tanto volver, avanzamos sin darnos cuenta que sólo existe la ilusión del movimiento. Todo, nada. Ayer, hoy, mañana…

 

Esa primera vez que la escuché fue casi mágico, tenía idea de que si escribía era por una razón y que esas cartas sin enviar podían tener un destinatario que yo no conocía. Y para mí, sonaba como debió sonar Helena, Julieta, Isolda y Beatriz, todas juntas y aún mejor. Al principio no estaba convencido de si existía o no, pensé en la locura. Vinieron a mi mente muchas ideas, parecía algo que sólo le podía pasar a los locos, escuchar voces. Nunca me pareció una buena idea platicar de esto con alguien más, y aún cuando lo pensaba, siempre sentí que en el mundo había pocas personas con las que valía la pena conversar, y por el momento ninguna parecía apta para escuchar sobre la voz que parecía aparecer en mi cabeza cuando yo menos lo esperaba. Y si bien, tener una voz en la cabeza no era nada normal, siempre pensé que yo tampoco lo era.

Siempre asocié la voz y mis momentos de escritura, ahí cuando en un departamento sin muebles, alumbrado únicamente con la tenue luz que entraba por la ventana y acompañado por el crujir de los cigarrillos mientras fumaba, parecía que se cumplían todos los requisitos para que viniera. Sentado de esa manera me dediqué a escribir sobre ella, casi obsesivamente. Dedicando poemas, cartas, ensayos, libros, frases, no podía hacer otra cosa que escribir sobre la dueña de la voz. Pensé que si escribía lo suficiente sobre ti, te harías real.

O sólo más real de lo que ya eras.

 

 

Acercarse al otro no es transitar por un camino que te lleve hacia algún lugar, es sólo borrar la ilusión de que no estamos juntos, de que todos no somos uno.

 

 

Fueron 18 largos años de espera, hasta que decidiste hacerlo, tomar un camino parecido al que yo había decidido tomar desde hace mucho. No era ya una niña, sabía lo que hacía, o tenía la ilusión de que así pasaba. Creciste, y crecí también. Descubriste cosas del mundo en el cual vivías, sonreíste, lloraste. Pero no parecía nada suficiente, aún no encontrabas lo que buscabas. Todo te parecía irreal en momentos, el universo y sus complicaciones, y sus más simples detalles.

Decidiste entonces buscarme, y decidí también que era momento de encontrarnos. Nunca me consideré tu creadora. Una cómplice tal vez, nunca una creadora. No se puede crear una persona. Magia o sueño había escrito alguna vez sobre ti y la suerte siguió su camino. Pensé como introducirme a tu vida, no pude llegar de lleno y platicarte todo lo que sabía de ti, que eras prácticamente mío y que al igual que tú, sabía que en mi mundo las cosas más reales eran precisamente las que salían de las letras, que las personas a mi alrededor parecían fantasmas que nada tenían que ver con alguien real. Te encontré sentado, escribiendo. Noche, día, da igual, lo importante era verte tan ensimismado como alguien puede estar en sus letras. Un verdadero escritor.

Te llamé y no supe que decir, al principio no me pudiste escuchar bien. Intentaste evitarlo, buscaste miles de caminos y respuestas a algo que no puede tener explicación, y que aún si lo tuviera, escucharla no explicaría nada, porque la verdad no puede ser explicada, si acaso,  puede ser vivida. Luchaste durante semanas y meses, y fui metiéndome dentro de tu mente, no fue fácil para ti aceptar que escuchabas una voz que sólo te hablaba a ti y a nadie más. Una voz que inicialmente fue casi un castigo y en alguna ocasión comenzó a ser una necesidad. Escribiste mucho, todo lo que entendías y desentendías de mí. Me diste muchos nombres, al igual que yo, te apoyaste en los cientos de libros que habías podido leer para explicar lo que te pasaba.

 

Me llamaste tú también, pero en esta ocasión fue más difícil de lo que recordaba el regresar al mundo y al universo que existía en las letras. Fueron muchas veces las que lo hice cuando era más joven, pero ahora, no podía. Había al parecer una barrera que ya no podía cruzar después de tantos años de franquear esa frontera donde lo que se lee y lo que se vive se convierte en una misma cosa. Y mientras yo escribía como nunca y retomaba el camino de mi adolescencia donde escribía para llegar a otra realidad, te vi hacer algo parecido, sentarte las horas a derramar letras sobre la superficie enorme que encontraste en las hojas. Escribías tanto como podías, muchas veces te vi dormido con una pluma en las manos y un cuaderno entre las piernas. Tu desesperación parecía ilimitada, me volvía una obsesión creciente para ti. Al igual que yo me desesperaba por no poder hacer más que hablarte desde lejos, llamarte para que asistieras al lugar que yo tenía planeado desde hace mucho tiempo para encontrarnos.

Cuanto más deseas algo más puedes llegar a hacerte daño para conseguirlo, y el deseo de encontrarte y poder hablar contigo finalmente era abrumador. Llegué a hacer y a escribir cosas que en otros días me pudieron haber parecido espantosas.

 

 Sueños, mitos, ilusiones, que más dan si tu estás aquí para hacerlos todos realidad…

 

Finalmente te miré, estabas ahí, tomando un café y escribiendo, como siempre lo imaginé. Sonreías, parecías feliz y sonreí también. Había llegado el momento perfecto, creo que los dos sabíamos que el tan esperado encuentro estaba a punto de suceder y en ese momento me di cuenta, que ambos estábamos nerviosos. Temblaste, y sentí como comenzaba a temblar yo también. Todo el trabajo valía la pena por este momento, casi sin darme cuenta te paraste y sentí la necesidad imperiosa de correr a abrazarte, pero no pude, simplemente no podía moverme. Observé como te paraste para ir al baño y mientras regresabas me acerqué a leer tus escritos, era una gran libreta amarilla con tu nombre escrito en el frente,  “Mario”. Se me hizo extraño al principio, las primeras líneas y hojas relataban la historia de una niña que vivía de los libros y para los libros, sentí miedo pero seguí leyendo hasta que no pude más. Parecía que habías leído mi vida, describías hechos con un detalle tan preciso que ni siquiera yo hubiera podido describir si alguien me preguntara acerca de ellos. Narraste la idea que para mí era única de crear un personaje que tuviera libertad total y fue en ese momento cuando tuve pánico.

No entendí cómo era posible que tuvieras la misma idea, la misma y exacta idea. Me puse pálida. Me retiré, me senté en mi banco y regresé a mi cuaderno. Observe de lejos como te sentabas de vuelta y casi en un éxtasis regresabas a tu escritura. Fue ahí cuando me di cuenta, llena de miedo vi como mi cuaderno se llenaba de  letras y letras mientras tú escribías.

¿Había sido todo una ilusión? ¿Quién era yo entonces? ¿Quién o qué era producto de la  imaginación y del trabajo literario de toda una vida? Y en ese mismo momento me di cuenta que nada de eso importaba. Cerré mi cuaderno, y casi simultáneamente vi como tú también lo hacías. Nos acercamos mutuamente, sonreíste, casi como un reflejo sonreí también.

Vi tus ojos llenos de emoción y de esperanza.

-Mario-, me dijiste. –Me llamo Mario-.

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