Vamos a ver a Massive!!
por efrain el 25 Junio, 2009, en Efrain, Musica
El próximo 5 de Septiembre uno de los mayores representante del trip-hop, Massive Attack, estarán presentándose en el Auditorio Telmex en a ciudad de Guadalajara, Jalisco, que en realidad es en Zapopan. Los boletos ya están a la venta vía Ticketmaster, y si me preguntan a mi, están estúpidamente caros, que claro, es Massive, pero a eso agregale los viáticos, ya que no se les ocurrió traerlos al D. F., más la chela, souvernir y demás gastos imprevistos, acabaremos gastando como mínimo $1,000, pero en fin, la verdad es que si los pagaré, hay que ahorrar un poco, pero hay tiempo de sobra y dudo que lo boletos se acaben. ¡¡Vamos a ver a Massive!!
Duff McKagan: “Los grandes sellos son cosa del pasado”
por efrain el 21 Junio, 2009, en Geek Stuff
“Fragmentos de una entrevista que Noisecreep le realizó a Duff McKagan, ex bajista de Guns N’ Roses, quien acaba de publicar un disco con Loaded.
“Quien gasta mucho dinero en comprar un disco hoy en día, está malgastándolo. Nadie vende discos como nosotros lo hacíamos en los 80s o 90s. No es más el modelo de negocio. La gente obtiene su música gratis en Internet”
“(Con Loaded) hemos firmado con un pequeño sello indie muy cool. No existe la presión que te ponen los sellos principales. Los sellos grandes se están convirtiendo en una cosa del pasado.”
“Sick” es el nuevo disco de Loaded, proyecto independiente de Duff desde 1999 en el que canta y toca la guitarra junto a Mike Squires en guitarra, Jeff Rouse en bajo y Geoff Reading en batería.
McKagan perteneció a Guns N’ Roses hasta el año 1996, banda que vendió hasta la fecha un estimado de 150 millones de discos.”
Fuente: Hispasonic.com
El Julio de un tal Cortázar
por efrain el 14 Junio, 2009, en Geek Stuff
En Matilde
Este es un pequeño escrito inédito de Cortazar, me lo pasó una amiga muy especial y espero que les guste tanto como a mi.
“A veces la gente no entiende la forma en que habla Matilde, pero a mí me parece muy clara.
-La oficina viene a las 9 - me dice - y por eso a las ocho y media mi departamento se me sale y la escalera me resbala rápido porque con los problemas del transporte no es fácil que la oficina llegue a tiempo. El ómnibus, por ejemplo, casi siempre el aire está vacío en la esquina, la calle pasa pronto porque yo la ayudo echándola atrás con los zapatos; por eso el tiempo no tiene que esperarme, siempre llego primero. Al final el desayuno se pone en fila para que el ómnibus abra la boca, se ve que le gusta saborearnos hasta el último. Igual que la oficina, con esa lengua cuadrada que va subiendo los bocados hasta el segundo y tercer piso.
-Ah- digo yo, que soy tan elocuente.”
Embarcación

por Juanito el 31 Mayo, 2009, en Juanito
Al subir la marea llegó tu embarcación, la vi desde lejos y nunca esperé que fuera a cambiar todas las cosas. Fue una noche llena de estrellas y olor a agua salada. Una primavera llena de silencios y sonidos, un año lleno de altos y bajos. Una vida de espera.
Y si, ando de nostalgias…
D-Nox
por efrain el 25 Mayo, 2009, en Efrain, Geek Stuff, Musica
La semana pasada tocó D-Nox en Gran Sur, era el cumpleaños de una de las cabezas de una promotora o algo así me explicaron, el punto es que fue una especie de capricho y se regalaron cortesías al por mayor. Mezcló pocas rolas suyas y se aventó un set de 6 horas mas ó menos, de repente se le fueron un par pero en general estuvo chido. Hubo muchísima gente y el alcohol estaba muy caro ($40 la cerveza!). por ahí de las 6 am se acabó el show pero para variar yo acabé la fiesta como a las 11 am jeje.
Getting Things Done Facil por Berto Pena

por l_h2o_l el 22 Mayo, 2009, en Geek Stuff
Estaba buscando algunas ideas nuevas para aplicar el GTD y di con estos excelentes screen casts hechos por Berto Pena.
Un pequeño resumen para los que no saben que es GTD (via Wikipedia):
Getting Things Done, cuyas siglas son GTD, es un método de gestión de las actividades y el título de un libro de David Allen.
GTD se basa en el principio de que una persona necesita borrar de su mente todas las tareas que tiene pendientes guardándolas en un lugar específico. De este modo, se libera a la mente del trabajo de recordar todo lo que hay que hacer, y se puede concentrar en la efectiva realización de aquellas tareas.
Aqui se los dejo, chequenlos todos
http://www.vimeo.com/3799373Escribí

por Juanito el 13 Mayo, 2009, en Juanito
Y me sentí extraño, ahí sentado escribiendo mi “diario”, si es que a eso se le pudiera llamar de esa manera. Más bien era una colección de pensamientos, divagues y cartas sin destinatario. A veces escribir acerca de uno mismo se convierte en un vicio, escapar de tener que compartir las cosas en la vida real y compartirlas sólo con el papel y la pluma. Pero aún así, lo hacía, sentado y escribiendo podía liberarme de todo eso que tenía dentro y costaba tanto trabajo sacar. Escribía un diario, pero en su mayoría eran cartas, algunas para ti, y algunas otras para esos destinatarios secretos que se acumulan con los años.
Escribía un diario, y entonces sucedió, fue una noche, o una mañana no lo recuerdo. Fueron días apresurados y llenos de actividad frenética, las mañanas y las noches parecían extenderse y convertirse en tardes locas. Quiero pensar que fue una madrugada, en realidad no importa cuando. Sucedió y nada jamás volvió a ser igual.
Fue en un instante, un momento. Si bien no recuerdo la hora, no puedo olvidar el olor, por eso quisiera pensar que era una madrugada. Ese olor frío y dulzón, que llega con esas horas del día donde la mayoría duermen, ese olor que impregna todo, que no se puede borrar con nada; han pasado los años y no he encontrado nada que se le parezca.
Olía pues a madrugada, con su carga de emociones que trae cada que llega. Y junto con el olor llegó ella, música en ocasiones y voz melodiosa en otras. No sabía que significaba esto, ¿había llegado acaso el día que algunos dijeron que sucedería? Había pasado ya que soñara despierto, pero esos ruidos estaban ahí, era tonto querer negarlos, y en el momento fue la mejor idea que pude tener…
-¿Has notado cómo en algunas madrugadas, cuando la oscuridad se convierte en silencio, pareciera como si alguien te llamara?-
Cuando se es joven, alejarse de las personas y acercarse a los libros parece ser una opción adecuada, compañeros inseparables, jamás critican, jamás juzgan. Y en esa época de mi vida los libros eran mi pasión y mi inspiración. Leía constantemente, podría decir que de una manera voraz, jamás se llenaba el apetito de literatura, buena o mala, no importaba. Los libros estaban ahí y no había nada más que me interesara, sumergida en un mundo de letras pasaba los días.
-Hija, deberías de salir un rato.- La misma insistencia de todos los días, pero no había necesidad de salir y menos cuando podía observar paisajes majestuosos, islas desiertas y las profundidades del espacio sin salir de mi cuarto.
–No tengo ganas, tal vez más tarde.- La misma respuesta de todos los días.
Seguir esta misma rutina a diario se estaba volviendo molesto. Al parecer nadie entendía que los libros me daban todo lo que necesitaba, que no encontraba nada de malo quedarme en casa a leer, además, existían esas visitas semanales a la librería o en su defecto a la biblioteca para incrementar la cantidad de libros.
No era precisamente mi culpa que la lectura me apasionara tanto, ya a los 6 años había encontrado a algunos de los clásicos en los viejos libreros de mi casa y de casa de mis abuelos. De inmediato supe que en esas viejas hojas se encontraba un tesoro inimaginable. Al ir creciendo, los gustos cambiaron, repasando géneros y estilos. Pero últimamente nada parecía ser suficiente, si bien la lectura me transportaba hacia otros lugares, eran los lugares imaginados por otros. Nada había de malo en visitar a Robinson Crusoe, platicar un rato con Kafka, enamorarse de vaqueros espaciales, pero no eran mis vaqueros espaciales. Parecía faltar algo, tenía que librarme de los límites de los demás. Expandir mi universo de lectura, tomar las riendas de mi vida. Aún cuando fuera solamente en los libros; tenía que escribir mis propias historias.
Parecía lógico, si otros me envolvían en su mundo y me mandaban a viajar lejos, yo debería de poder hacer lo mismo. No iba a ser tarea fácil, catapultarme al otro lado de las hojas y crear una historia que no tuviera límites, sumergirme completo en la creación de alguna historia que pudiera controlar, en su totalidad.
Los primeros borradores fueron eso, borradores de historias fantasiosas, en una realidad no muy lejana, salí de mi casa y visité las ciudades cercanas, conocí la capital y sus grandes edificios, no platiqué con nadie. Acaricié perros y sentí cada uno de sus cabellos, pero no pude hablar. Ganó el silencio en estas primeras incursiones, el sonido parecía ser algo imposible.
Con los días y los cuadernos llenos de historias, llegaron los primeros ruidos, imaginé que así debía sentir alguien que oye por primera vez. Al principio desorden y caos, pero el espacio se fue llenando de los más deliciosos sonidos que pude jamás oír en mi vida. Duré días y noches, echada en los más grandes pastizales, escuchando. Deleitándome con la música de la vida, sabiendo que había todo un mundo y mundos por escuchar.
Había pasado ya un mes y medio desde que había comenzado a escribir. Y cuando logré perfeccionar el sonido, me di cuenta que en todo ese tiempo había estado sola; que los paisajes, los escenarios y los sonidos jamás se iban a comparar a la complejidad de un ser humano. Si acaso, los pocos (que nunca fueron tan pocos) libros que había leído, lograban crear personajes complejos, humanos. Más parecidos a muñecos o títeres de los autores, nunca había encontrado un personaje que pareciera auténtico, yo sabía que ninguno de las personas que vivían en los libros tomaba sus decisiones, estaban todos enmarcados en la realidad que el autor suponía para ellos. Pero no más, conmigo tenía que ser diferente, aunque me tomara años y años, intentaría que plasmado en un libro, en una historia, se encontrara una persona libre, completamente libre.
Tal vez fueron años, hasta que pude crear un personaje que me gustara, tenía que ser un hombre para empezar, solitario como yo lo era antes de dedicarme a conocer personas y lugares en los universos paralelos que eran los libros. Tenía que ser también un escritor, alguien que pudiera entender porque leía y escribía de la manera que lo hago, tenía que entender que la escritura iba más allá de simplemente unir palabras para que fueran bellas. Cuando lo hice, las cosas no tomaron el rumbo que yo quería al principio, logré lo que nunca había encontrado en ningún libro, un personaje que pudiera desarrollarse por completo.
Fue una sorpresa que literalmente viera nacer a este personaje, el que pensé que iba a ser mi compañero en las largas noches que viviera dentro de los cientos de situaciones donde había estado y donde volvería a estar en cuanto las re escribiera. A su nacimiento, tuve miedo, supe en ese instante que no podía forzar su crecimiento, que era imposible lograr la libertad de Mario si adelantaba algo. Estaba maniatada, y no pude más que sentir una gran impotencia, que sólo parecía ser superada por la expectación de lo que podía suceder cuando lo conociera. Un universo en un libro y alguien que podía vivir y desarrollarse como persona, o al menos lo más cercano que se pudiera.
Nunca imaginé lo que podía pasar con él, desarrollándose en el universo como el que yo conocía. Tan limitado como el mismo mundo en el que vivo, tal vez se diera cuenta que debía haber alguien afuera, que no estaba solo en ese mundo de personajes que parecían programados para hacer lo que hacían, que en ocasiones se volvían tan predecibles.
Cansados de tanto volver, avanzamos sin darnos cuenta que sólo existe la ilusión del movimiento. Todo, nada. Ayer, hoy, mañana…
Esa primera vez que la escuché fue casi mágico, tenía idea de que si escribía era por una razón y que esas cartas sin enviar podían tener un destinatario que yo no conocía. Y para mí, sonaba como debió sonar Helena, Julieta, Isolda y Beatriz, todas juntas y aún mejor. Al principio no estaba convencido de si existía o no, pensé en la locura. Vinieron a mi mente muchas ideas, parecía algo que sólo le podía pasar a los locos, escuchar voces. Nunca me pareció una buena idea platicar de esto con alguien más, y aún cuando lo pensaba, siempre sentí que en el mundo había pocas personas con las que valía la pena conversar, y por el momento ninguna parecía apta para escuchar sobre la voz que parecía aparecer en mi cabeza cuando yo menos lo esperaba. Y si bien, tener una voz en la cabeza no era nada normal, siempre pensé que yo tampoco lo era.
Siempre asocié la voz y mis momentos de escritura, ahí cuando en un departamento sin muebles, alumbrado únicamente con la tenue luz que entraba por la ventana y acompañado por el crujir de los cigarrillos mientras fumaba, parecía que se cumplían todos los requisitos para que viniera. Sentado de esa manera me dediqué a escribir sobre ella, casi obsesivamente. Dedicando poemas, cartas, ensayos, libros, frases, no podía hacer otra cosa que escribir sobre la dueña de la voz. Pensé que si escribía lo suficiente sobre ti, te harías real.
O sólo más real de lo que ya eras.
Acercarse al otro no es transitar por un camino que te lleve hacia algún lugar, es sólo borrar la ilusión de que no estamos juntos, de que todos no somos uno.
Fueron 18 largos años de espera, hasta que decidiste hacerlo, tomar un camino parecido al que yo había decidido tomar desde hace mucho. No era ya una niña, sabía lo que hacía, o tenía la ilusión de que así pasaba. Creciste, y crecí también. Descubriste cosas del mundo en el cual vivías, sonreíste, lloraste. Pero no parecía nada suficiente, aún no encontrabas lo que buscabas. Todo te parecía irreal en momentos, el universo y sus complicaciones, y sus más simples detalles.
Decidiste entonces buscarme, y decidí también que era momento de encontrarnos. Nunca me consideré tu creadora. Una cómplice tal vez, nunca una creadora. No se puede crear una persona. Magia o sueño había escrito alguna vez sobre ti y la suerte siguió su camino. Pensé como introducirme a tu vida, no pude llegar de lleno y platicarte todo lo que sabía de ti, que eras prácticamente mío y que al igual que tú, sabía que en mi mundo las cosas más reales eran precisamente las que salían de las letras, que las personas a mi alrededor parecían fantasmas que nada tenían que ver con alguien real. Te encontré sentado, escribiendo. Noche, día, da igual, lo importante era verte tan ensimismado como alguien puede estar en sus letras. Un verdadero escritor.
Te llamé y no supe que decir, al principio no me pudiste escuchar bien. Intentaste evitarlo, buscaste miles de caminos y respuestas a algo que no puede tener explicación, y que aún si lo tuviera, escucharla no explicaría nada, porque la verdad no puede ser explicada, si acaso, puede ser vivida. Luchaste durante semanas y meses, y fui metiéndome dentro de tu mente, no fue fácil para ti aceptar que escuchabas una voz que sólo te hablaba a ti y a nadie más. Una voz que inicialmente fue casi un castigo y en alguna ocasión comenzó a ser una necesidad. Escribiste mucho, todo lo que entendías y desentendías de mí. Me diste muchos nombres, al igual que yo, te apoyaste en los cientos de libros que habías podido leer para explicar lo que te pasaba.
Me llamaste tú también, pero en esta ocasión fue más difícil de lo que recordaba el regresar al mundo y al universo que existía en las letras. Fueron muchas veces las que lo hice cuando era más joven, pero ahora, no podía. Había al parecer una barrera que ya no podía cruzar después de tantos años de franquear esa frontera donde lo que se lee y lo que se vive se convierte en una misma cosa. Y mientras yo escribía como nunca y retomaba el camino de mi adolescencia donde escribía para llegar a otra realidad, te vi hacer algo parecido, sentarte las horas a derramar letras sobre la superficie enorme que encontraste en las hojas. Escribías tanto como podías, muchas veces te vi dormido con una pluma en las manos y un cuaderno entre las piernas. Tu desesperación parecía ilimitada, me volvía una obsesión creciente para ti. Al igual que yo me desesperaba por no poder hacer más que hablarte desde lejos, llamarte para que asistieras al lugar que yo tenía planeado desde hace mucho tiempo para encontrarnos.
Cuanto más deseas algo más puedes llegar a hacerte daño para conseguirlo, y el deseo de encontrarte y poder hablar contigo finalmente era abrumador. Llegué a hacer y a escribir cosas que en otros días me pudieron haber parecido espantosas.
Sueños, mitos, ilusiones, que más dan si tu estás aquí para hacerlos todos realidad…
Finalmente te miré, estabas ahí, tomando un café y escribiendo, como siempre lo imaginé. Sonreías, parecías feliz y sonreí también. Había llegado el momento perfecto, creo que los dos sabíamos que el tan esperado encuentro estaba a punto de suceder y en ese momento me di cuenta, que ambos estábamos nerviosos. Temblaste, y sentí como comenzaba a temblar yo también. Todo el trabajo valía la pena por este momento, casi sin darme cuenta te paraste y sentí la necesidad imperiosa de correr a abrazarte, pero no pude, simplemente no podía moverme. Observé como te paraste para ir al baño y mientras regresabas me acerqué a leer tus escritos, era una gran libreta amarilla con tu nombre escrito en el frente, “Mario”. Se me hizo extraño al principio, las primeras líneas y hojas relataban la historia de una niña que vivía de los libros y para los libros, sentí miedo pero seguí leyendo hasta que no pude más. Parecía que habías leído mi vida, describías hechos con un detalle tan preciso que ni siquiera yo hubiera podido describir si alguien me preguntara acerca de ellos. Narraste la idea que para mí era única de crear un personaje que tuviera libertad total y fue en ese momento cuando tuve pánico.
No entendí cómo era posible que tuvieras la misma idea, la misma y exacta idea. Me puse pálida. Me retiré, me senté en mi banco y regresé a mi cuaderno. Observe de lejos como te sentabas de vuelta y casi en un éxtasis regresabas a tu escritura. Fue ahí cuando me di cuenta, llena de miedo vi como mi cuaderno se llenaba de letras y letras mientras tú escribías.
¿Había sido todo una ilusión? ¿Quién era yo entonces? ¿Quién o qué era producto de la imaginación y del trabajo literario de toda una vida? Y en ese mismo momento me di cuenta que nada de eso importaba. Cerré mi cuaderno, y casi simultáneamente vi como tú también lo hacías. Nos acercamos mutuamente, sonreíste, casi como un reflejo sonreí también.
Vi tus ojos llenos de emoción y de esperanza.
-Mario-, me dijiste. –Me llamo Mario-.
Ollin Kan 2009
por efrain el 18 Abril, 2009, en Efrain, Musica
Ya empezó el 6to Festival Internacional Ollin Kan de las Culturas en Resistencia Tlalpan 2009, el Martes pasado de hecho, en esta ocasión habrá muchas más sedes, incluyendo un nuevo recinto llama el “Conciertódromo”, que está no muy lejos del parque loreto y peña pobre. Habrá expositores de varios lados del mundo, aunque el tema de este año parece ser Holanda. La entrada será libre a todos los eventos. Aprovechen que va a haber muy buenas bandas! Por cierto, muchas felicidades a los VibraMuchá que se presentaron por primera vez en el festival el Jueves pasado!
Jonny Greenwood en el metro del DF!!
por efrain el 11 Abril, 2009, en Geek Stuff
Sin palabras…

Parte segunda

por Juanito el 6 Abril, 2009, en Juanito
-¿Has notado cómo en algunas madrugadas, cuando la oscuridad se convierte en silencio, pareciera como si alguien te llamara?-
Cuando se es joven, alejarse de las personas y acercarse a los libros parece ser una opción adecuada, compañeros inseparables, jamás critican, jamás juzgan. Y en esa época de mi vida los libros eran mi pasión y mi inspiración. Leía constantemente, podría decir que de una manera voraz, jamás se llenaba el apetito de literatura, buena o mala, no importaba. Los libros estaban ahí y no había nada más que me interesara, sumergida en un mundo de letras pasaba los días.
-Hija, deberías de salir un rato.- La misma insistencia de todos los días, pero no había necesidad de salir y menos cuando podía observar paisajes majestuosos, islas desiertas y las profundidades del espacio sin salir de mi cuarto.
–No tengo ganas, tal vez más tarde.- La misma respuesta de todos los días.
Seguir esta misma rutina a diario se estaba volviendo molesto. Al parecer nadie entendía que los libros me daban todo lo que necesitaba, que no encontraba nada de malo quedarme en casa a leer, además, existían esas visitas semanales a la librería o en su defecto a la biblioteca para incrementar la cantidad de libros.
No era precisamente mi culpa que la lectura me apasionara tanto, ya a los 6 años había encontrado a algunos de los clásicos en los viejos libreros de mi casa y de casa de mis abuelos. De inmediato supe que en esas viejas hojas se encontraba un tesoro inimaginable. Al ir creciendo, los gustos cambiaron, repasando géneros y estilos. Pero últimamente nada parecía ser suficiente, si bien la lectura me transportaba hacia otros lugares, eran los lugares imaginados por otros. Nada había de malo en visitar a Robinson Crusoe, platicar un rato con Kafka, enamorarse de vaqueros espaciales, pero no eran mis vaqueros espaciales. Parecía faltar algo, tenía que librarme de los límites de los demás. Expandir mi universo de lectura, tomar las riendas de mi vida. Aún cuando fuera solamente en los libros; tenía que escribir mis propias historias.
Parecía lógico, si otros me envolvían en su mundo y me mandaban a viajar lejos, yo debería de poder hacer lo mismo. No iba a ser tarea fácil, catapultarme al otro lado de las hojas y crear una historia que no tuviera límites, sumergirme completo en la creación de alguna historia que pudiera controlar, en su totalidad.
Los primeros borradores fueron eso, borradores de historias fantasiosas, en una realidad no muy lejana, salí de mi casa y visité las ciudades cercanas, conocí la capital y sus grandes edificios, no platiqué con nadie. Acaricié perros y sentí cada uno de sus cabellos, pero no pude hablar. Ganó el silencio en estas primeras incursiones, el sonido parecía ser algo imposible.
Con los días y los cuadernos llenos de historias, llegaron los primeros ruidos, imaginé que así debía sentir alguien que oye por primera vez. Al principio desorden y caos, pero el espacio se fue llenando de los más deliciosos sonidos que pude jamás oír en mi vida. Duré días y noches, echada en los más grandes pastizales, escuchando. Deleitándome con la música de la vida, sabiendo que había todo un mundo y mundos por escuchar.
Había pasado ya un mes y medio desde que había comenzado a escribir. Y cuando logré perfeccionar el sonido, me di cuenta que en todo ese tiempo había estado sola; que los paisajes, los escenarios y los sonidos jamás se iban a comparar a la complejidad de un ser humano. Si acaso, los pocos (que nunca fueron tan pocos) libros que había leído, lograban crear personajes complejos, humanos. Más parecidos a muñecos o títeres de los autores, nunca había encontrado un personaje que pareciera auténtico, yo sabía que ninguno de las personas que vivían en los libros tomaba sus decisiones, estaban todos enmarcados en la realidad que el autor suponía para ellos. Pero no más, conmigo tenía que ser diferente, aunque me tomara años y años, intentaría que plasmado en un libro, en una historia, se encontrara una persona libre, completamente libre.
Tal vez fueron años, hasta que pude crear un personaje que me gustara, tenía que ser un hombre para empezar, solitario como yo lo era antes de dedicarme a conocer personas y lugares en los universos paralelos que eran los libros. Tenía que ser también un escritor, alguien que pudiera entender porque leía y escribía de la manera que lo hago, tenía que entender que la escritura iba más allá de simplemente unir palabras para que fueran bellas. Cuando lo hice, las cosas no tomaron el rumbo que yo quería al principio, logré lo que nunca había encontrado en ningún libro, un personaje que pudiera desarrollarse por completo.
Fue una sorpresa que literalmente viera nacer a este personaje, el que pensé que iba a ser mi compañero en las largas noches que viviera dentro de los cientos de situaciones donde había estado y donde volvería a estar en cuanto las re escribiera. A su nacimiento, tuve miedo, supe en ese instante que no podía forzar su crecimiento, que era imposible lograr la libertad de Mario si adelantaba algo. Estaba maniatada, y no pude más que sentir una gran impotencia, que sólo parecía ser superada por la expectación de lo que podía suceder cuando lo conociera. Un universo en un libro y alguien que podía vivir y desarrollarse como persona, o al menos lo más cercano que se pudiera.
Nunca imaginé lo que podía pasar con él, desarrollándose en el universo como el que yo conocía. Tan limitado como el mismo mundo en el que vivo, tal vez se diera cuenta que debía haber alguien afuera, que no estaba solo en ese mundo de personajes que parecían programados para hacer lo que hacían, que en ocasiones se volvían tan predecibles.
